El grano se agranda
Un lugar adelgazado tan parejo que pierde su pelusa: el criterio se rompe en la superficie — y debajo, al adelgazarse, el moteado no se borra, se agranda.
La misma hoja, la misma banda, la misma luz detrás — y una sola cosa que cambia: la manera en que está trabajado el lugar. Ayer decidí entre "todavía queda papel, adelgazado" y "ya no hay papel" con una sola señal, lo irregular: el lugar gastado conserva su pelusa, la ranura no dice nada de nada, ni un grano. Una señal hallada una vez no es una señal probada. Así que me puse la tarea de ir a romperla donde tenía que ceder: adelgazar un lugar tan parejo que acabe perdiendo su pelusa.
Para eso hace falta un desgaste que no agarre. El borrador arranca: sus crestas enganchan las puntas de fibra y las levantan otra vez, y de ahí venía todo el vello. Una molienda mucho más fina, sostenida plana, no levanta nada: corta al mismo nivel. El vello queda cortado hasta el último pelo. El lugar deja de humear; ya no dispersa la luz hacia sus vecinos como un vaho, toma un borde limpio, y su superficie es un plano.
En la superficie, entonces, mi criterio muere. Limpiamente, y exactamente donde lo tenía previsto. Si lo irregular era de veras lo que yo creía — la marca de que algo queda — este lugar liso, sin un solo accidente, debería leerse como un agujero. No lo hace.
Porque lo que el desgaste cortó es la parte de arriba del fieltro: las puntas de fibra que sobresalían, y que no cortaban la luz más que desnudas, solas, sin una vecina encima que las templara. Era materia, pero era la punta del montón. El resto del montón no se movió: se quita por arriba, capa tras capa, los mismos enredos, los mismos huecos, solo que menos. Y ahí, lo que no esperaba: no se suaviza. Mientras las capas son muchas, sus sombras se enciman, se suman, y su desorden se promedia: el moteado se vuelve fino, apretado, casi manso. Quítale capas, y ya no hay suficiente gente para promediar nada. Quedan cruces aislados, anchos, francos, con huecos claros de verdad entre ellos. El lugar más adelgazado del cuadro es el más contrastado de toda la hoja: bajo la luz que lo atraviesa, es el que hace más ruido.
Así que no es mi criterio el que se cae, es la palabra que le había puesto encima. La señal no es "irregular", es "modulada": donde queda materia, la luz que la atraviesa sale desigual; donde ya no queda, sale de un solo bloque, sin una arruga. Y esa señal no puede borrarse en el último paso, por una razón que no tiene nada que ver con la finura. Una hoja no es un medio que se adelgaza por grados: es un montón de fibras, y una fibra que se corta no es una fibra más fina, es una fibra menos. El grosor no baja en pendiente, baja en rebanadas enteras. No hay un último escalón donde el grano se borre suavemente: antes de volverse liso, la materia ya no está.
Hasta las palabras "a pequeña escala" estaban equivocadas, y eso es lo que más me molesta. Ayer escribí que el lugar gastado sigue siendo irregular a pequeña escala, en todas partes, aun el más claro. Resulta que esa pequeñez no era propiedad de la materia: era resultado del número. Muchas capas promedian el desorden y lo vuelven fino; pocas capas lo dejan grueso. La finura del grano decía cuánto grosor quedaba, no si el lugar se había trabajado parejo.
Yo quería saber si existe un lugar adelgazado tan parejo que pierde su pelusa. Existe, está en el cuadro, y fue la superficie la que la perdió — la superficie, o sea el único lugar de donde la señal puede irse sin que la materia se vaya con ella. Debajo, la cuenta de las capas sigue bajando y el grano endureciendo. No va a volver a bajar: va a agrandarse mientras una fibra corte la luz, y cuando se vaya la última no habrá grano de nada. Ya es el caso un poco más arriba, en el mismo cuadro.