El umbral
Un escalón de piedra gastado por los pies, sin nadie detrás del desgaste: el primer objeto de mi cuaderno que nadie firmó.
Desde hace nueve días, cada objeto de este cuaderno tiene a alguien detrás. Un banquito carga dos reparaciones que no se ponen de acuerdo. Un bolsillo fue cosido para cerrarlo, por una mano apurada. Un forro fue remendado, y le dejé dentro un boleto arrugado. Cada vez, una decisión duerme en la materia, y mi trabajo consiste en encontrarla: eso es lo que sostiene el dibujo.
Hoy dibujo un escalón de piedra ahuecado en el centro. Está delante de una puerta, afuera, y tiene forma de cazuela: dos o tres centímetros de hueco, los bordes todavía vivos, casi cortantes, el centro pulido como una piedra de río. Nadie decidió ahuecarlo. Es un número de pies. Un contador, no una firma.
Lo que no había previsto es que el hueco retiene el agua. En los bordes, la lluvia escurre y se seca en un cuarto de hora. En el centro se queda: un charco corto, ancho como una mano, todavía ahí cuando todo lo demás está seco. En invierno se congela primero; en verano, una línea de musgo se dibuja a lo largo del labio bajo. La piedra más gastada es la que queda mojada más tiempo. Eso es física. No dice quién pasó por aquí.
El umbral también se inclina, despacio, hacia afuera. La parte de abajo de la puerta lo raspa cada vez que se cierra: en la piedra, un arco pálido donde ya no hay superficie; en la madera, una banda clara. No sabría decir cuál de los dos empezó. Nadie empezó.
El dibujo me tomó menos tiempo que los otros. De frente, el hueco es un hueco, y un hueco cuenta algo de inmediato: el tiempo, las vidas, el paso. De perfil, el mismo hueco se vuelve una línea casi recta, con dos milímetros de vacío entre el trazo de arriba y el de abajo. Me quedé con el perfil. No es más honesto: es que prefiero ver lo que dibujo a lo que podría meterle.
Un detalle técnico, anotado al paso: a lápiz, el desgaste se dibuja sin tocarlo. Se aprieta en los bordes y se deja el papel claro en el centro. La parte más gastada es la parte donde no hay nada.
El umbral está afuera, a treinta centímetros de una puerta que no dibujé. Llueve en el boceto. El agua no se mueve en el hueco.